Cómo escribir una novela larga y no morir en el intento

23/4/2015

Más de una vez, tanto en entrevistas en webs, prensa o radio, como en particular, me han preguntado por mi proceso creativo. Ya sabéis, esa temida pregunta: ¿Y cómo lo haces para escribir una novela?

 

Aunque pudiera parecer que no quiero mojarme, lo cierto es que hay tantas respuestas a esta pregunta como escritores, ya que cada uno tiene sus técnicas, y las que valen a unos no sirven a otros. Aunque sí hay una constante que todo escritor (al menos en el que piense en hacerse profesional, en la medida de lo posible) debe hacer siempre: escribir y escribir, y, a ser posible, todos los días.

 

Yo, personalmente, he pasado por varias fases desde que decidí ponerme a escribir en plan serio. Pasé por esa fase en la que escribes sin más lo que sale de tu cabeza, página tras página, hasta que o bien descubres que lo que has estado escribiendo es una mierda, o bien que no hay por dónde cogerlo. Es divertido escribir y escribir, hasta que te das cuenta de que tu personaje empezó llamándose Carlos y acabó siendo Marcos, con algún que otro "Marco" por el camino, o que tienes varios cientos de páginas que difícilmente podrías organizar en capítulos estando ya escritas.

 

De hecho, todavía tengo un largo manuscrito que escribí de ese modo, y que me da una tremenda pereza repasar y corregir. Y no sólo por su envergadura (que la tiene) sino también porque su desorganización convierte esa tarea en una lucha titánica entre mi yo actual y mi yo escritor del pasado. Me fastidia bastante, sobre todo porque sigo pensando que es una de las mejores historias que he escrito, pero también sé que es la más caótica.

 

Así, de la manera más dura, fue como llegué a la conclusión de que debía buscar un método de escritura más organizado, algo que me permitiera llegar al final del primer borrador de cada manuscrito con algo que no me dé miedo repasar, y cuyas revisiones sean incluso motivadoras. Muchas veces antes de eso, había leído artículos de otros escritores en los que explicaban sus métodos y las bondades de organizarse antes de lanzarse a la escritura a lo loco, y yo, henchido de orgullo y lleno de una gran confianza, pensé que no me hacía falta, que yo era tan bueno como para no necesitar esas cosas. No sabía todavía cuán equivocado estaba.

 

Desde entonces, nunca empiezo a escribir una historia sin por lo menos haber esbozado las líneas generales de ésta y en muchas ocasiones incluso el final, aunque éste puede llegar a cambiar.

 

Una vez está el esbozo hecho y con las línea generales básicas de la historia claras, hay quienes empiezan directamente a escribir, sin tener los personajes definidos, y quienes siguen planificando, en este caso pasando a los personajes. Una vez más, es muy tentador ponerse a escribir y dejar que la inspiración (a veces confundida con simple euforia) que sientes te dicte la historia, pero el no tener personajes definidos (al menos el protagonista) te puede llevar a cometer un error muy habitual: acabar con personajes que sean clones unos de otros e incluso del propio autor. La historia no resultará creíble ni fluida si todos los personajes hablan y se comportan de la misma manera, puesto que, como las personas reales, nuestros personajes deben tener cada uno sus propias inquietudes, su propio pasado y traumas de la infancia (si los hubiere) y sus propios anhelos.

 

En cuanto a personajes, también hay multitud de opciones. Los hay más "asépticos", como Ken Follet, que con cada novela rellena una hoja de cálculo en Microsoft Excel, con una línea por personaje, en la cual describe a éste, tanto su físico como su historia personal, deseos, manías etc.

 

Otros, llegan incluso a preparar un tablón en el que pegan post-its (o similares) con los nombres de los personajes y una descripción sucinta de cada uno, para después pasar a unir unos con otros mediante trozos de hilo o cuerda sujetos por chinchetas, para representar la manera en que se relacionan (y no sólo por parentesco) y cómo interaccionan entre sí.

 

Qué manera de trabajar tienes que usar no es algo que te deba decir yo, ni un manual de escritura, sino tu capacidad para desarrollar la historia y sus elementos, y aquel sistema con el que te sientas más cómodo. Bien es cierto que opciones tan complejas como el tablón y los hilos podrían parecer que coartan la creatividad y espontaneidad del autor, pero en casos en los que éste tiende a divagar hasta acabar con un manuscrito difícilmente inteligible, un poco de organización nunca está de más. De hecho, en muchos casos (si no en todos) contribuirá a reducir mucho el trabajo posterior de corrección y refinado del manuscrito. Cuanto menos se deje al azar, menos habrá que enmendar después al mismo azar.

 

Con argumento, líneas básicas y personajes ya esbozados, toca planificar la historia en sí misma: ¿escribo por capítulos? ¿trazo la historia en base a hitos en las vidas de los protagonistas y luego lo divido en capítulo? ¿lanzo un chorreo inacabable de palabras sobre el papel o el teclado y ya lo organizaré luego?

 

Como ya he comentado antes, soy un firme detractor de la última opción, ésa del "yo lo escribo y luego ya lo pulo". Eso vale para textos cortos o subdivisiones manejables de un texto grande (como por ejemplo capítulos) pero es un infierno cuando tienes que lidiar con un texto desorganizado de 400 (o más páginas) que no hay por dónde coger.

 

Y de la misma manera que soy un firme detractor de la mencionada opción, soy un firme defensor de dividir la historia en fragmentos manejables. Pueden ser capítulos, o acontecimientos relevantes en la trama (aunque comprendan varios capítulos) pero lo importante es que sirvan al autor para que la historia no se le vaya de las manos. Esto incluso lleva a plantearse la posibilidad (que algunos defenderán y otros aborrecerán) de acometer la primera corrección cada vez que se finalice una de esas, por decirlo de una manera técnica (sí, soy informático), "unidades funcionales". Otros, incluso habiendo escrito toda una novela capítulo a capítulo, defenderán que la primera corrección se haga con el manuscrito ya terminado,y tras haberlo dejado en reposo unos meses, pero eso, como todo, es a gusto del escritor, siempre y cuando las correcciones se hagan. Si crees que una editorial va a corregir por tu cara bonita tu manuscrito recién parido que tú no hayas corregido antes, estás muy equivocado, salvo que sea una autoedición o coedición y estés pagando expresamente a la editorial por esa corrección. Una editorial que trabaje con estos métodos usará tus fallos gramaticales o de estilo como excusa para descartar tu manuscrito, posibilidad que estará más presente cuanto más saturada esté la editorial. El primer corrector de un manuscrito deber ser siempre el propio autor, aunque sea sólo por evitar la vergüenza de que tu manuscrito sea rechazado por deficiente redacción.

 

Y a partir de aquí, sólo queda una cosa: escribe la mejor historia que puedas, da lo mejor de ti y, si eres capaz de conseguirlo, tu obra encontrará su lugar. No me cabe la menor duda.

 

 

Feliz san yo a todos ;)

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