Volvamos con la coedición

14/10/2008

Hoy mismo he dicho que no quería insistir en la coedición, pero un comentario, recibido en una de las entradas en las que hablaba sobre ella, me ha hecho cambiar de opinión. Pensaba añadir un comentario en la mencionada entrada, pero el artículo resultante ha quedado demasiado largo para un comentario. Además, creo que resume algunos conceptos que interesarán a más personas. La entrada comentada es la que titulé en su día "Coedición, esa gran desconocida" y el comentario al que aludo, firmado por un lector llamado Samuel, dice lo siguiente:

Hola Jorge,
me parece interesante tu blog, pero creo que la coedición no siempre es tan mala como la pintan. Ni que decir tiene que en ocasiones la coedición se termina convirtiendo en una autoedición por el alto gasto que supone. Pero, perdona que discrepe contigo sobre la fuerza de un libro que ha sido publicado bajo gastos del autor. Existen infinidad de libros buenos, conocidos, que han tenido que ver la luz a través de la coedición. Buen ejemplo de ello tenemos "El Código Davinci" una novela que conocida en todo el mundo, y cuyo autor tuvo que coeditar su obra para entrar en este difícil mercado de las letras. ¡OJO! creo que para coeditar hay que tener mucho cuidado (números de ejemplares...) pues la edición puede hipotecarnos. Soy escritor novel, he escrito una novela y estoy acabando la segunda, y la primera no ha visto la luz todavía. Espero que tengáis mucha suerte. Soy de Madrid, si alguien quiere contarme sus anécdotas literarias aquí tiene un amigo que le va a escuchar.


Samuel, agradezco tu comentario, pero quiero que entiendas mi postura: yo no digo que la coedición en sí sea mala, sino que la coedición puede estar bien siempre que el autor sea consciente de dónde se mete y lo que la coedición implica.

En mi caso, harto estoy ya de recibir ofertas de coedición enviadas sólo unos pocos días después de haber enviado yo un manuscrito de más de 200 páginas. Son ofertas de editoriales que, con su actitud, demuestran no haber leído el manuscrito. Ese es el tipo de coedición que denuncio, el llevado a cabo por editoriales que se limitan a multiplicar el número de páginas de cada manuscrito que reciben por un precio por página estándar, y remiten una oferta al autor. De todos es sabido que todas las editoriales están desbordadas por la cantidad de manuscritos no deseados que reciben, y tiempos de respuesta de una o dos semanas son sencillamente inverosímiles. Hay demasiados lobos con piel de cordero que se aprovechan de la inexperiencia de un autor novel ilusionado con su flamante primera novela.

En otro lado, están las editoriales tradicionales que no dicen que no a un autor que ofrezca pagar parte de la edición o toda al completo. En casos así, donde es el autor el que de forma consciente pide la coedición o autoedición, no tengo nada que objetar, sobre todo porque ninguna editorial con un mínimo prestigio publicará una obra que quede muy por debajo de sus estándares, aunque el autor pague por ella. Eso sí, nunca revelarán que el libro ha sido coeditado o pagado íntegramente por el autor. Supondría un gran desprestigio para ambas partes.

Conozco el caso de Dan Brown. Pero de igual manera, la mayoría, sino todos, de los grandes filósofos del sigo XX debieron pagar por publicar sus obras, para luego morir en muchos casos en la mayor de las indigencias.

Publicar, sea de la manera que sea, tradicional o pagada, no asegura nada en el mundo editorial hoy en día, pero es un hecho que el haber pagado por publicar no contribuye a aumentar el prestigio de uno. ¿Por qué recuerda la mayor parte del mundo editorial a Dan Brown? ¿Por sus dotes de escritor o por haberse embolsado millones de dólares con una obra publicada en régimen de coedición? Es más, ¿qué obras de Dan Brown han tenido una repercusión que se pueda acercar a la de "El código Davinci"? Tal vez "Ángeles y demonios", pero el resto han pasado sin pena ni gloria entre las demás novedades editoriales. Aunque el señor Brown tenga ahora dinero para vivir dos o tres vidas enteras sin dar un palo al agua, no pasará a la historia, y dudo mucho que las futuras generaciones estudien su obra en clase de literatura.

Con esto no quiero decir que yo aspire a convertirme en un clásico o en objeto de estudio, pero sí que deseo que mis futuros (espero) lectores me valoren por la calidad de mis obras o lo que éstas evoquen en ellos, y no por la polémica, venga de donde venga.

Espero haber aclarado un poco más mi postura. De todos modos, sigo pensando como siempre: incluso de forma consciente y/o voluntaria, la coedición debería ser el último recurso. Vale más la pena esperar y recibir 20 ó 30 rechazos antes de recibir un sí, que ir por la vía rápida, que, en muchos casos, es un callejón sin salida.

Saludos.

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