Una nueva reflexión

4/3/2006

Buenas tardes a todos.

Como otras tantas veces, he decidido hacer un alto en la escritura para escribir algo en el blog. Hay que ver qué frase más ilógica me ha quedado: dejar de escribir para escribir.

Desvaríos aparte, me apetecía compartir con el mundo una reflexión que hace tiempo que me ronda la cabeza, desde que decidí lanzarme al mundo de la escritura creativa, aunque, aunque entonces no sabía si iba a ser sólo para mi propio disfrute o iba a compartir con el mundo.

Siempre he leído bastante, y desde que yo mismo quise empezar a escribir, empecé también a leer mucho más de lo que hay online, publicado por gente que comparte sus historias de forma desinteresada en multitud de portales destinados al efecto o en páginas personales, como podría ser este blog desde el que os saludo de vez en cuando. El caso es que, leyendo todas esas páginas, siempre me viene a la cabeza la misma pregunta: ¿cómo puede haber tanto talento oculto sin que nadie repare en él?

Mucha gente comparte, como ya he comentado, sus textos de forma desinteresada, pero hay muchos otros autores desconocidos que podrían sacar los colores a muchos de los más asentados, que en muchos casos lo son porque venden más, no porque escriban textos mejores o más interesantes. De hecho, no hace falta más que ir a cualquier librería, buscar el best seller de turno y ver cómo el nombre del autor se imprime en una letra tres o cuatro veces mayor que el título.

No quiero que esto parezca una simple reivindicación gratuita, pero no puedo dejar de hacer el comentario. No voy a decir que yo sea mejor o peor que los habituales vendedores de best sellers, ni voy a opinar sobre qué portal literario es mejor que los demás, pero, sabiendo que Internet ofrece la posibilidad de difundir la cultura de forma fácil, ¿por qué no la aprovechamos? Hablando de estos temas con otra gente y leyendo diversos artículos, siempre he oído las mismas frases: "La literatura es un negocio"; "Hay que buscar también la rentabilidad". Si esto es cierto (que no digo que no lo sea, pero no deja de ser triste), ¿por qué ni siquiera las editoriales pequeñas tratan de aprovechar Internet? Internet es el perfecto agente literario: llega a todo el mundo, a todos los editores de todos los países, y no se queda con un porcentaje de las ganancias de nadie. Siendo así, sigo sin entender cómo es posible que sólo un puñado de los autores que publican en Internet, acabe viendo sus obras en papel. No nos vamos a engañar, está claro que todos preferimos leer en papel antes que en una pantalla de ordenador, y, por mucha tecnología que nos rodee, nada hay más bonito que ver en papel y tapa dura esas historias que habías imaginado en tu cabeza.

Y, por favor, que nadie me hable de la autoedición, que es la respuesta fácil a las preguntas que planteo. No podéis ni imaginar la cantidad de "editorzuelos" que hay por ahí fuera vendiendo contratos de autoedición camuflados. Pero eso es otra historia, que, de hecho, ya os conté hace poco.

P.D.: Gracias a los que me estáis visitando (al final he optado por el contador de visitas, que funciona muy bien), pero me gustaría pediros un pequeño favor: aparte de ver si alguien me visita o no, agradecería si también comentarías lo dos relatos que he dejado en el blog últimamente. Una de mis motivaciones para emprender esta labor fue dar a conocer las cosas que escribo, pero de poco me sirve si nadie las comenta. Y por supuesto, si tenéis que darme caña y criticarme, hacedlo. Una vez más, gracas a todos

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